martes, 15 de enero de 2013

Capitalismo de Estado y Dictadura* x Anton Pannekoek

sobre el marxista comunista de consejos Anton Pannekoek ir aqui

 I


El término "capitalismo de Estado" se usa frecuentemente de dos maneras diferentes: la primera, como una forma económica en la que el Estado realiza el papel del empresario capitalista, explotando a los trabajadores en interés del Estado. El sistema federal de correos o un ferrocarril de propiedad estatal son ejemplos de este tipo de capitalismo de Estado. En Rusia, esta forma de capitalismo de Estado predomina en la industria: el trabajo es planificado, financiado y gestionado por el Estado; los directores de industria son designados por el Estado y los beneficios se consideran la renta del Estado. La segunda, encontramos que se define como capitalismo de Estado (o socialismo de Estado) aquella situación en la que las empresas capitalistas son controladas por el Estado. Esta definición está, no obstante, desencaminada, en tanto bajo estas condiciones existe todavía la forma de la propiedad privada aunque el propietario de una empresa ya no sea el único amo, estando su poder restringido mientras se acepta cierto sistema de seguridad social para los trabajadores.

Ahora bien, depende del grado de ingerencia del Estado en las empresas privadas. Si el Estado aprueba ciertas leyes que afectan a las condiciones de empleo, tales como la contratación y el despido de los trabajadores, si las empresas son financiadas por un sistema bancario federal, o se conceden subvenciones para apoyar el comercio exportador, o si se fija por ley la limitación de los dividendos de las grandes corporaciones, entonces se llegará a una situación en la que el control estatal regulará la vida económica entera. Esto variará en ciertos grados del estricto capitalismo de Estado.

Considerado la situación económica actual en Alemania, podríamos considerar que allí prevalece una suerte de capitalismo de Estado. Los gobernantes de la gran industria en Alemania no son sujetos subordinados al Estado, sino que son el poder gobernante en Alemania a través de los funcionarios fascistas en las oficinas gubernamentales. El Partido Nacional-Socialista se desarrolló como una herramienta de estos gobernantes. En Rusia, por el contrario, la burguesía fue destruida por la Revolución de octubre y ha desaparecido completamente como poder gobernante. La burocracia del gobierno ruso tomó el mando de la creciente industria. El capitalismo de Estado ruso pudo desarrollarse en tanto que allí no había una burguesía poderosa. En Alemania, como en Europa occidental y en América, la burguesía tiene el poder total, es la propietaria del capital y de los medios de producción. Esto es esencial para el carácter del capitalismo. El factor decisivo es el carácter de la clase que es propietaria, con pleno control, del capital, no la forma interna de la administración, ni el grado de ingerencia del Estado en la vida económica de la población. Aun si esta clase considera una necesidad someterse a una regulación más estricta --paso que también haría a los capitalistas privados más pequeños ser más dependientes de la voluntad de los grandes capitalistas-- todavía permanecería el carácter del capitalismo privado. Debemos, por consiguiente, apreciar la diferencia entre el capitalismo de Estado y ese capitalismo privado que puede regularse hasta el más alto grado por medio del Estado.
Las regulaciones estrictas no han de verse simplemente como un intento por encontrar una salida a la crisis. Las consideraciones políticas también toman parte. Los ejemplos de regulación estatal apuntan a un objetivo general: la preparación para la guerra. La industria de guerra se regula, lo mismo que la producción de comida de los granjeros, para estar preparados para la guerra. Empobrecida por los resultados de la última guerra, privada de provincias, materias primas, colonias, capital, la burguesía alemana debe intentar rehabilitar las fuerzas que le quedan mediante una rigurosa concentración. Previendo la guerra como recurso final, pone tantos recursos como sea necesario en manos del control estatal.

Una vez encarados al objetivo común de un nuevo poder mundial, los intereses privados de las diversas secciones de la burguesía quedan en segundo plano. Todos los poderes capitalistas están confrontados con esta cuestión: ¿en que medida al Estado, como representante de los intereses comunes de la burguesía nacional, se le deberían confiar poderes sobre las personas, las finanzas y la industria en la lucha internacional por el poder? Esto explica por qué en esas naciones de una población pobre, pero rápidamente en aumento, sin ninguna o con pocas colonias (tal como Italia, Alemania, Japón), el Estado ha asumido el mayor poder.

Uno puede plantearse la pregunta: ¿no es el capitalismo de Estado la única "salida" para la burguesía? Obviamente, el capitalismo de Estado sería factible únicamente si todo el poceso productivo pudiese ser gestionado y planificado centralmente desde arriba, para satisfacer las necesidades de la población y eliminar las crisis. Si tales condiciones se produjesen, la burguesía dejaría entonces de ser una burguesía auténtica. En la sociedad burguesa no sólo existe la explotación de la clase obrera, sino que también debe existir la lucha constante de las diversas secciones de la clase capitalista por los mercados y por fuentes para la inversión de capital. Esta lucha entre los capitalistas es totalmente distinta de la vieja libre competición en el mercado. Bajo la cobertura de la cooperación del capital dentro de la nación, existe allí una lucha continua entre enormes monopolios. Los capitalistas no pueden actuar como meros recolectores de dividendos, dejando la iniciativa a funcionarios estatales para atender a la explotación de la clase obrera. Los capitalistas luchan entre ellos por los beneficios y por el control del Estado para proteger sus intereses sectoriales, y su campo de acción se extiende más allá de los límites del Estado. Aunque durante la crisis actual tuvo lugar una fuerte concentración dentro de cada nación capitalista, todavía persisten allí los poderosos entrelazamientos internacionales (del gran capital). En la forma de una lucha entre naciones, la lucha de los capitalistas continúa, con lo cual una crisis política severa a causa de la guerra y la derrota tiene el efecto de una crisis económica.

Cuando, por consiguiente, surge la cuestión de si el capitalismo de Estado --en el sentido en que ha sido usado arriba-- es una fase intermedia necesaria, antes de que el proletariado tome el poder, de si sería la forma más elevada y última de capitalismo establecida por la burguesía, la respuesta es no. Por otro lado, si por capitalismo de Estado uno quiere decir el control y la regulación estrictas del capital privado por el Estado, la respuesta es , variando el grado de control estatal dentro de un país de acuerdo con la época y las condiciones, llevandose a cabo de diferentes modos la preservación y el incremento de los beneficios, dependiento de las condiciones históricas y políticas y de la relación entre las clases.

II

Sin embargo, es posible y bastante probable que el capitalismo de Estado sea una fase intermedia, hasta que el proletariado tenga éxito en establecer el comunismo. Esto, no obstante, no podría ocurrir por razones económicas sino políticas. El capitalismo de Estado no sería el resultado de las crisis económicas, sino de la lucha de clases. En la fase final del capitalismo, la lucha de clases es la fuerza más importante que determina las acciones de la burguesía y amolda la economía estatal.

Ha de esperarse que, como resultado de la gran tensión y conficto económicos, la lucha de clase del proletariado futuro se inflamará hasta llegar a la acción de masas. Sea esta acción de masas el resultado de conflictos salariales, guerras o crisis económicas, y tome la forma de huelgas de masas, disturbios callejeros o lucha armada, el proletariado establecerá organizaciones-de-consejos[1*] --órganos de autodeterminación y ejecución uniforme de la acción--. Esté será particularmente el caso en Alemania. Allí los viejos órganos políticos de la lucha de clases han sido destruidos; los trabajadores están codo con codo como individuos, sin ninguna otra fidelidad que a su clase. Si van a desarrollarse movimientos políticos de largo alcance en Alemania, los trabajadores sólo podrían funcionar como clase, luchar como clase, cuando opongan, al principio capitalista de la dictadura unipersonal, el principio proletario de la autodeterminación de las masas. En otros países parlamentarios, por otra parte, los trabajadores son severamente estorbados en su desarrollo como clase independiente por las actividades de los partidos políticos. Estos partidos prometen a la clase obrera métodos de lucha más seguros, imponen su dirección a los trabajadores y con la ayuda de su maquinaria de propaganda hacen de la mayoría de la población sus seguidores descerebrados. En Alemania estos impedimentos son una tradición moribunda.

Tales luchas de masas primarias son sólo el principio de un periodo de desarrollo revolucionario. Permítasenos tomar una situación favorable al proletariado, en la que esa acción proletaria es tan poderosa como para paralizar y derrocar al Estado burgués. A pesar de la acción unánime a este respeto, el grado de madurez de las masas puede variar. Una concepción clara de los objetivos, los modos y los medios sólo se adquirirá durante el proceso de la revolución, y después de la primera victoria se afirmarán las diferencias acerca de la táctica ulterior. Entonces los portavoces de los partidos socialista o comunista aparecen; no están muertos, por lo menos sus ideas están vivas entre el sector "moderado" de los trabajadores. Ahora ha llegado el momento de poner en práctica su programa de "socialismo de Estado".

Los trabajadores más progresivos, cuyo objetivo debe ser poner la dirección de la lucha bajo el control de la clase obrera, por medio de la organización-de-consejos, (debilitando así el poder enemigo de la fuerza estatal) se encontrarán con la propaganda "socialista", en la que se enfatizará la necesidad de construir aceleradamente el orden socialista por medio de un gobierno "socialista". Se lanzarán advertencias contra las demandas extremas, se harán apelaciones a la timidez de aquellos individuos para los que el pensamiento del comunismo proletario es todavía inconcebible; se aconsejarán los compromisos con los reformistas burgueses, así como la compra de la burguesía, en lugar de forzarla a una resistencia amarga por medio de la expropiación. Se harán intentos de retraer a los trabajadores de los objetivos revolucionarios, de la lucha de clase determinada. Alrededor de este tipo de propaganda se agruparán aquellos que se sientan llamados a estar a la cabeza del partido o a asumir la dirección entre los trabajadores. Entre estos líderes estará una gran porción de la intelectualidad --que fácilmente se adapta al "socialismo de Estado", pero no al comunismo de consejos-- y otras secciones de la burguesía que ven en las luchas obreras una nueva posición de clase, desde la cual pueden combatir con éxito el comunismo. "El socialismo contra la anarquía", tal será el grito de guerra de aquellos que querrán salvar del capitalismo lo que pueda salvarse.

El resultado de esta lucha depende de la madurez de la clase obrera revolucionaria. Aquéllos que ahora creen que todo lo que uno tiene que hacer es esperar la acción revolucionaria, porque entonces la necesidad económica enseñará a los trabajadores cómo actuar correctamente, son víctimas de una ilusión. Ciertamente, los trabajadores aprenderán rápidamente y actuarán enérgicamente en tiempos revolucionarios. Mientras tanto, probablemente se experimentarán duras derrotas, que resultarán en la pérdida de innumerables víctimas. Cuanto más cabal sea la obra de esclarecimiento del proletariado, más firme será el ataque de las masas contra el intento de los "líderes" de dirigir sus acciones hacia los cauces del socialismo estatal. Considerado las dificultades con que se encuentra ahora la tarea de esclarecimiento, parece improbable que quede allí abierto para los trabajadores un camino a la libertad sin retrocesos. En esta situación se encontrarán las posibilidades del capitalismo de Estado como fase intermedia antes de la llegada del comunismo.

Así, la clase capitalista no adoptará el capitalismo de Estado por el devenir de sus propias dificultades económicas. El capitalismo monopolista, particularmente cuando usa al Estado como una dictadura fascista, puede asegurarse la mayoría de las ventajas de una organización única sin abandonar su propia dominación sobre la producción. Se dará una situación distinta, sin embargo, cuando la burguesía se sienta tan presionada por la clase obrera que la forma vieja del capitalismo privado ya no pueda salvarse. Entonces el capitalismo de Estado será la salida: la preservación de la explotación en la forma de una sociedad "socialista", donde los "líderes más capaces", los "mejores cerebros", y los "grandes hombres de acción" dirigirán la producción y las masas trabajarán obedientemente bajo su mando. Si a este estado se le llama capitalismo de Estado o socialismo de Estado da lo mismo en principio. Si uno se refiere al primer término "capitalismo de Estado" como siendo una burocracia estatal dominante y explotadora, o al segundo término, "socialismo de Estado", como a un cuerpo de funcionarios necesarios que, como servidores respetuosos y obedientes de la comunidad, comparten el trabajo con los trabajadores, la diferencia en último análisis reside en la suma de los salarios y la medida cualitativa de su influencia en las conexiones de partido.

Tal forma de sociedad no puede ser estable, es una forma regresiva contra la cual la clase obrera se levantará de nuevo. Bajo ella puede producirse orden en cierta medida, pero la producción sigue restringida. El desarrollo social sigue obstaculizado. Rusia fue capaz, a través de esta forma de organización, de cambiar del semi-barbarismo a un capitalismo desarrollado, de superar incluso los logros del capitalismo privado de los países occidentales. En este proceso figura el manifiesto entusiasmo entre las clases burguesas "advenedizas", dondequiera que el capitalismo empieza su curso. Pero tal capitalismo de Estado no puede progresar. En Europa occidental y en América la misma forma de organización económica no sería progresiva, dado que impediría la llegada del comunismo. Obstruiría la revolución necesaria en la producción; es decir, sería reaccionaria en su carácter y asumiría la forma política de una dictadura.

III

Algunos marxistas mantienen que Marx y Engels previeron este desarrollo de la sociedad hacia el capitalismo de Estado. Pero nosotros no conocemos ninguna declaración de Marx acerca del capitalismo de Estado de la cual pudiésemos deducir que considerase que el Estado, cuando éste asume el papel de capitalista único, fuese la última fase de la sociedad capitalista. Él vio en el Estado el órgano de opresión que la sociedad burguesa usa contra la clase obrera. Para Engels: "El proletariado toma el poder del Estado y entonces transforma la propiedad de los medios de producción en propiedad del Estado".
Esto significa que la transformación de la propiedad en propiedad estatal no ocurrirá previamente. Cualquier esfuerzo por hacer responsable a esta sentencia de Engels de la teoría del capitalismo de Estado, lleva a Engels a contradicción consigo mismo. Tampoco hay ninguna confirmación de esto que se pueda encontrar en los acontecimientos reales. Los ferrocarriles en los países capitalistas altamente desarrollados, como Inglaterra y América, todavía son la posesión privada de corporaciones capitalistas. Sólo los servicios postales y telegráficos son poseídos por los Estados en la mayoría de los países, pero por razones distintas que su alto estado de desarrollo. Los ferrocarriles alemanes fueron apropiados por el Estado mayormente por razones militares. El único capitalismo de Estado que fue capaz de transformar los medios de producción en propiedad del Estado es el ruso, pero no a cuenta de su elevado estado de desarrollo, sino al revés, a cuenta de su bajo estado de desarrollo. No hay nada, sin embargo, que pueda encontrarse en Engels que pudiera aplicarse a las condiciones existentes en Alemania e Italia hoy, que consisten en la fuerte regulación supervisora y la limitación de la libertad del capitalismo privado mediante un Estado todopoderoso.

Esto es totalmente natural, ya que Engels no era un profeta; era sólo un científico que era bien consciente del proceso del desarrollo social. Lo que él expone son las tendencias fundamentales en este desarrollo y su significación. Las teorías del desarrollo se expresan mejor cuando se exponen en conexión con el futuro; no es, por tanto, dañino expresarlas con cautela. Cuanto menos cauta es la expresión, como es a menudo el caso de Engels, esto no disminuye en lo más mínimo el valor de los prognósticos, aunque los acontecimientos no correspondan exactamente a las predicciones. Un hombre de su calibre tiene derecho a esperar que incluso sus suposiciones sean tratadas con cuidado, cuanto que se ha llegado a ellas bajo ciertas condiciones definidas. La obra de deducir las tendencias del capitalismo y su desarrollo, y darles forma en teorías coherentes y comprehensivas, asegura a Marx y Engels una posición prominente entre los pensadores más excelentes y científicos del siglo diecinueve; pero la descripción exacta, en todos sus detalles, de la estructura social de la mitad siglo por delante, era una imposibilidad incluso para ellos.
Las dictaduras, como las de Italia y Alemania, se hicieron necesarias como medios de coerción para imponer a la masa reacia de pequeños capitalistas el nuevo orden y las limitaciones reguladoras. Por esta razón, tal dictadura es considerada a menudo la forma política futura de la sociedad en un capitalismo desarrollado a nivel mundial.

Durante cuarenta años, la prensa socialista señaló que la monarquía militar era la forma política de la sociedad perteneciente a una sociedad capitalista concentrada. Pues el burgués tiene la necesidad de un Kaiser, de los Junkers y del ejército para la defensa contra una clase obrera revolucionaria por un lado, y contra los países vecinos por el otro. Durante diez años prevaleció la creencia de que la república era la verdadera forma de gobierno en un capitalismo desarrollado, porque bajo esta forma de Estado los burgueses serían los amos. Ahora se considera que la dictadura es la forma de gobierno necesaria. Cualquiera que pueda ser la forma, siempre se encuentran las razones más adecuadas para ella. Mientras, al mismo tiempo países como Inglaterra, Francia, América y Bélgica, con un capitalismo altamente concentrado y desarrollado, retienen la misma forma de gobierno parlamentario, sea éste bajo una república o un reino. Esto prueba que el capitalismo elige muchos caminos que llevan al mismo destino, y también prueba que no se debe tener prisa en deducir conclusiones de las experiencias de un país para aplicarlas al mundo en general.

En cada país el gran capital cumple su dominación por medio de las instituciones políticas existentes, desarrolladas a través de la historia y las tradiciones, cuyas funciones son expresamente transformadas. Inglaterra ofrece un ejemplo. Allí el sistema parlamentario, junto con un alto grado de libertad y autonomía personales, tienen tanto éxito que no hay ninguna traza de socialismo, comunismo o pensamiento revolucionario entre las clases trabajadoras. Allí crece y se desarrolla también el capitalismo monopolista. Allí, también, el capitalismo domina al gobierno. Allí, también, el gobierno toma medidas para superar los resultados de la depresión; pero se las arreglan perfectamente sin la ayuda de una dictadura. Esto no hace de Inglaterra una democracia, porque ya hace medio siglo que dos camarillas aristocráticas de políticos se apropian del gobierno alternativamente, y las mismas condiciones prevalecen hoy. Pero están gobernando por medios diferentes; a la larga, estos medios pueden ser más eficaces que la dictadura brutal. Comparado con Alemania, el igual y poderoso gobierno del capitalismo inglés parece ser el más normal. En Alemania, la presión de un gobierno policial forzó a los trabajadores a movimientos radicales, como consecuencia de lo cual obtuvieron un poder político externo; no lo obtuvieron a través del empeño de una gran fuerza interior dentro de sí mismos, sino a través de la debacle militar de sus gobernantes y, finalmente, vieron ese poder destruido por una dictadura afilada, el resultado de una revolución pequeñoburguesa que fue financiada por el capital monopolista. Esto no debe interpretarse en el sentido de que la forma inglesa de gobierno sea realmente la normal, y la alemana la anormal; justamente como sería equivocado asumir lo contrario. Cada caso debe juzgarse separadamente, cada país tiene el tipo de gobierno que germinó a partir de su propio curso de desarrollo político.

Observando América, encontramos en esta tierra de la mayor concentración de capital monopolista tan poco deseo de cambio a una dictadura como lo encontramos en Inglaterra. Bajo la administración de Roosevelt se efectuaron ciertas regulaciones y acciones para paliar los resultados de la depresión, algunas de las cuales eran completas innovaciones. Entre éstas estaba también el comienzo de una política social, que hasta ahora estaba completamente ausente de la política americana. Pero el capital privado ya está rebelándose y sintiéndose lo suficientemente fuerte para seguir su propio curso en la lucha política por el poder. Vistas desde América, las dictaduras en diversos países europeos aparecen como una armadura pesada, destructiva de la libertad, que las estrechamente aprisionadas naciones de Europa deben llevar, debido a que peleas heredadas las lanzan a la destrucción mútua; pero no se presentan como lo que realmente son, resueltas formas de organización de un capitalismo altamente desarrollado.

Los argumentos en favor de un nuevo movimiento obrero, que nosotros designamos con el nombre de comunismo de consejos, no encuentran su base en la dictadura capitalista de Estado o fascista. Este movimiento representa una necesidad vital de las clases obreras y habrá de desarrollarse en todas partes. Se convierte en una necesidad debido a la colosal elevación del poder del capital, porque contra un poder de esta magnitud las viejas formas del movimiento obrero se vuelven impotentes; en consecuencia, el trabajo debe encontrar nuevos medios de combate. Por esta razón, los principios programáticos para el nuevo movimiento obrero no pueden basarse ni en el capitalismo de Estado, ni en el fascismo o en la dictadura como sus causas, sino solamente en el poder constantemente creciente del capital y en la impotencia del viejo movimiento obrero para enfrentarse a este poder.

Para las clases obreras en los países fascistas prevalecen ambas condiciones, pues allí el poder incrementado del capital es el que sostiene en el país la dictadura política al igual que la dictadura económica. Cuando allí la propaganda por nuevas formas de acción conecta con la existencia de la dictadura, es así como debe ser. Pero sería una estupidez basar un programa internacional en tales principios, olvidando que las condiciones en otros países difieren ampliamente de las de los países fascistas.

Nota de traducción:
[1*] Traducimos "council organisation" por "organización-de-consejos", debido a que éste término no sólo designa a los consejos obreros o soviets en sentido estricto, sino también a las formas de organización inspiradas en ellos o que les sirven de base, como fuera en caso de las Organizaciones de Fábrica alemanas en los años 20 y su combinación en Uniones Obreras.

*Este artículo se publicó primeramente al parecer en Räte Korrespondenz. Esta traducción fue publicada en International Council Correspondence, vol. III, nº 1, enero de 1937.
Traducido y digitalizado por el Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques. Formato HTML para el Marxists Internet Archive el Jonas Holmgren.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada